domingo, 12 de febrero de 2012

Thanks Whitney !



















Dad;
I sent you a present yesterday.
Enjoy it!
http://www.youtube.com/watch?v=8QaI-M9sxW4






miércoles, 8 de febrero de 2012

martes, 7 de febrero de 2012

Mis tardes con Margueritte

Un encuentro poco corriente
entre el amor y la ternura,
no había otra cosa.

Tenía nombre de flor
y vivía entre palabras,
adjetivos de lo más estirados
verbos que crecían como la hierba,
algunos se quedaban.

Entró suavemente
desde la corteza
hasta mi corazón.

En las historias de amor
hay más amor,
a veces...
no hay ni un “te quiero”
pero se quieren.

Un encuentro poco corriente
la conocí por casualidad
en el parque
no ocupaba mucho
el tamaño de una paloma
con sus plumitas.

Envuelta en palabras,
en nombres,
como el mío.

Me dio un libro, otro
y las páginas se iluminaron.

No te mueras ahora,
hay tiempo,
espera.

No es la hora, florecilla
dame un poco más de ti
dame un poco más de tu vida.

Espera…

En las historias de amor
hay más que amor,
a veces...

no hay un “te quiero”
pero se quieren.






gracias Miguel

sábado, 24 de diciembre de 2011

viernes, 16 de diciembre de 2011

"la cuatitud" una forma de vivir

La amistad es una lluvia de flores... es el título del prólogo escrito por Bruno Newman en la compilación "Diálogos con Germán Dehesa", ejemplar que tuve la suerte de recibir en mi cumpleaños de manos de una gran amiga con la que comparto el día a día como solía hacerlo mi extrañado "charro negro" con sus lectores.

Volver a leerlo es como tomarse un multivitamínico, más bien, el frasco entero, y regodearse con el humor, la bonhomía y la perspicacia que perviven en el particular estilo de sus textos.

Me sumo y comparto las últimas líneas que le escribe Armando Fuentes Aguirre, "Catón": Sigue viviendo, vive en lo suyo y en los suyos. Germán fue el amor andando. Camina todavía.


Gracias Mayte.



lunes, 31 de octubre de 2011

perspectivas inapreciables















[fotos: Píndaro http://makanchak.blogspot.com/]

La miro y ya no encuentro más a la niña traviesa, malhumorada y caprichosa que lanzaba prolongados chillidos lastimeros al tiempo que se tiraba al piso a patalear con tal de salirse con la suya, pero percibo que en su mirada, aún pervive el centelleo que irradia y contagia al instante "sus ganas de comerse al mundo". Nuestros encuentros son cada vez más escasos pero siempre gratos y afectuosos. En su reciente y breve visita pude disfrutarla al compartir con ella una de sus inquietudes, captar imágenes cotidianas que en otro momento pasarían ante mí desapercibidas. Así fue que… sin pensarlo fui su compañera sin fusil en la cacería del detalle en un intenso recorrido por distintos puntos de la ciudad… sus percepciones ahora están en su blog con el título “Postales de Coatza"
http://andreamusguito.blogspot.com/2011_09_01_archive.html

Vuelve pronto chk´pie

martes, 19 de julio de 2011

El Schindler mexicano-Gilberto Bosques




Las Visas de Bosques: Gracias a la película ‘La Lista de Schindler’ de Steven Spielberg hemos conocido las acciones riesgosas realizadas por Oskar Schindler para salvar a unos 1200 judíos del holocausto nazi.
Sin embargo pocos hemos oído hablar de la labor del mexicano Gilberto Bosques para salvar la vida de más de 40 mil personas durante la ocupación nazi en Europa.
Gilberto Bosques Saldivar fue el Cónsul General de México en Francia de 1939 a 1944, quien respondiendo al llamado de su propia conciencia, ayudó desde su posición diplomática a huir de los regímenes franquista y nazi a refugiados españoles republicanos, judíos franceses, libaneses, socialistas, comunistas y otros perseguidos, entre ellos líderes políticos europeos de oposición y miembros de la resistencia antifascista, quienes habían sido señalados para ser enviados a los centros de concentración, ofreciéndoles a todos ellos residencia y nacionalidad mexicana.
Cuando París estaba a punto de ser tomada por los alemanes, Bosques sale de la ciudad y tras varios viajes decide asentar el consulado en Marsella, el puerto de la zona del Gobierno francés de Vichy, nominalmente independiente de los alemanes.
Su primera preocupación fue defender a los mexicanos residentes en la Francia no ocupada, pero al conocer las atrocidades de la persecución nazi protegió también a otros grupos. Apoyó a libaneses con pasaporte mexicano y a refugiados españoles que buscaban huir de los nazis. De hecho, se cree que fue él quien convenció al presidente Lázaro Cárdenas de abrir las puertas de México a los republicanos españoles. Era tan grande la afluencia de refugiados que buscaban una visa mexicana que Bosques alquiló dos castillos (el de Reynarde y el de Montgrand) para convertirlos en centros de asilo mientras se arreglaba su salida hacia México. Entre 800 u 850 fueron alojados en uno de los castillos, mientras que en el otro se albergaron 500 niños y mujeres.
Adicionalmente, rentó varios barcos que salieron del puerto de Marsella transportando Judíos y otros perseguidos hacia países Africanos donde más tarde fueron trasladados a México, Brasil, Argentina y otros países de América. En un periodo de dos años, bajo su auspicio, poco más de 40,000 visas fueron expedidas para quienes deseaban huir de la tiranía nazi.
Al concedérseles visas mexicanas, las autoridades francesas los dejaban salir del país porque consideraban que ya no serían un problema político para ellas. Más complicado fue el caso de los judíos. El consulado ocultó, documentó y les dio visas a numerosos judíos, pero era mucho más difícil sacarlos de Francia.
Desde Marsella el embajador mexicano también tuvo que hacer frente al hostigamiento de las autoridades pro alemanas francesas, al espionaje de la Gestapo, del gobierno de Franco y de la representación diplomática japonesa, que tenía sus oficinas en el mismo edificio de la delegación mexicana.
Finalmente México rompió las relaciones diplomáticas con el Gobierno de Vichy. Gilberto Bosques presentó la nota de ruptura. Poco después el consulado fue tomado por asalto por tropas de la Gestapo alemana, que confiscaron ilegalmente el dinero que la oficina mantenía para su operación. Bosques, su familia (su esposa María Luisa Manjarrez y sus tres hijos: Laura María, María Teresa y Gilberto Froylán; entonces de 17, 16 y 14 años, respectivamente)y el personal del consulado, 43 personas en total, fueron trasladados hasta la comunidad de Amélie-les-Bains. Después, violando las normas diplomáticas, se les llevó a Alemania, al pueblo Bad Godesberg, y se les recluyó en un “hotel prisión”.
Bosques fue finalmente liberado y regresó a México en abril de 1944. Miles de refugiados españoles y judíos lo esperaban en la estación de ferrocarril de la capital para recibirlo. Su júbilo zumbaba en el andén de la estación ferroviaria. Lo cargaron en hombros. Era al México generoso y libre al que ellos exaltaban en Gilberto Bosques, el más sobresaliente ejemplo del característico espíritu de la solidaridad de los mexicanos.
Una de sus más grandes lecciones de vida es que aunque resulte difícil, no es imposible mantener la decencia de uno frente a la maldad moral. Pues al ayudar a otra persona quien en tu comunidad, tu sociedad o tu nación se ha convertido en un paria, un rechazado, y sabiendo que al hacerlo puedes ganarte el desprecio, el escarnio, e incluso el poner en riesgo tu vida, es tomar una posición moral de valor incalculable, que puede alterar y dar un rayo de luz y un viento de esperanza en medio de lo que parezca un reinado de terror omnipotente.
El 4 de junio de 2003 el gobierno austriaco impuso a una de sus calles, en el Distrito 22 de Viena, el nombre Paseo Gilberto Bosques.
Los pocos que conocen la historia de Gilberto Bosques suelen llamarlo "El Schindler Mexicano". Y así como Schindler tuvo su lista de trabajadores judíos protegidos, Bosques tuvo sus visas a la libertad: Las Visas de Bosques.




miércoles, 1 de junio de 2011

Carmen y Leonora





Se fue mayo, mes que eligieron para partir dos mujeres inigualables cuya presencia fue tan fuerte que no pudo pasar desapercibida en el sendero de mi vida. Las dos nacieron en la misma época, en los principios del siglo XX, con escasos meses de diferencia. Una de origen libanés y oriunda de Tehuantepec; inteligente, culta y gran conversadora, de rostro altivo y profunda mirada esmeralda que iluminó mi niñez. Otra, inglesa de nacimiento y mexicana por adopción y adoración de las culturas indígenas y prehispánicas de nuestro país, se presentó de pronto en mi clase de historia del arte -siendo yo una adolescente- robándome el aliento.
Carmen y Leonora… al repetir sus nombres, vuelven a mi chispazos de aquellos tiempos; momentos irrepetibles de asombro y admiración; oír a la gran conversadora o leer sobre la pintora y escritora.
-¡Buenos días camarada!- ¡Cómo olvidar aquellas palabras a la hora del desayuno! Era el saludo invariable de la tía Carmen por las mañanas cuando abría la pequeña rejilla que comunicaba la terraza de su casa con la nuestra, seguidas de la respuesta siempre entusiasta de mi padre:- ¡Pásale camarada!-
No puedo precisar cuántos minutos duraba aquella alegre charla matutina, instantes en los cuales mis hermanos y yo permanecíamos en completo silencio, a veces sin entender de qué o de quienes hablaban, pero arrobados por la cantidad de palabras desconocidas que ambos utilizaban con una facilidad fascinante. Para mí en particular, era como asistir a una clase de historia universal expuesta de una manera interesante y divertida. Hablaban de todo lo que acontecía en el mundo, ambos eran ávidos lectores y a la hora de su encuentro ya se habían leído los periódicos de principio a fin. Para ser más precisa, aquellos momentos eran comparables -si cabe - a lo que hoy representa para mí ingresar a google para investigar o salir de dudas sobre algún tema, ya que recuerdo que cuando ella se despedía y mi padre se levantaba de la mesa, lo seguía por todo el pasillo haciéndole mil preguntas, las que afortunadamente me respondía haciendo gala de su gran paciencia, dejándome ver con aquella sonrisa de satisfacción, que le gustaba que yo quisiera saber el significado de las “palabras raras”. El interés que despertaba en mí este personaje no se limitaba sólo a escucharla durante aquellas amenas charlas tempraneras, sino que siempre que se presentaba la oportunidad -y había muchas dado que era nuestra vecina- en la que podía observar las facetas de su personalidad; su voz fuerte y bien templada; su casa pulcra e impecable resultado de su obsesión por la limpieza y el orden; sus excelentes dotes culinarias; su gran fervor religioso y ese andar de reina triunfadora que la caracterizaba, así fuera en su casa con bata y pantuflas o en todos los ámbitos donde se movía con elegancia y distinción.
Así también, la sorprendente determinación de Leonora, para hacerle frente a las contrariedades del destino, me enseñó que no existen parámetros, ni límites para que una mujer pueda moverse en los círculos entonces considerados prohibidos para sus contemporáneas. Escapar de la tutela de sus padres y renunciar a un modus vivendi adinerado y cómodo – siendo tan joven- para poder dedicarse a sus ideales; defender su espíritu inconformista que no encajaba en ningún colegio, actitud que la lleva a encontrar en el surrealismo su razón de ser; que la impulsa a crear ámbitos oníricos y mágicos para pintar lo inimaginable o a escribir lo inenarrable (como sus Memorias de Abajo); con una imaginación fantástica para interpretar a los animales y a la naturaleza que la lleva a realizar las esculturas de bronce que quedan como testimonio de su huella en México; una señora tan singular e increíble, que inspira a Elena Poniatowska a perpetuar su nombre en “Leonora” como titula su obra más reciente; un ser único y fuera de lugar descrita por Octavio Paz como: “un personaje delirante, maravilloso”, “un poema que camina, que sonríe, que de repente abre una sombrilla que se convierte en un pájaro que se convierte después en pescado y desaparece”.
Carmen y Leonora… las dos eligieron el mes de mayo para partir, pero a diferencia de otros tantos, no dejan un gran vacío, porque llenaron todos los espacios por los que caminaron.

viernes, 22 de abril de 2011

puesta de sol en viernes santo

Mientras la humanidad se hunde en un mar de confusiones...

el universo nos invita a contemplar su galería de lienzos cromáticos


2011
2010




lunes, 7 de marzo de 2011

Mi Nostalgia "María Fernanda"


No sé porque me duelen las luces,
que en la noche yo miro en la bocana.
No sé porque me duelen los árboles talados,
las aguas enlodadas, la ausencia de los pájaros,
las calles desbordadas de autos y camiones.

No sé porque me duele la prisa de la gente,
ya nadie se conoce, ya nadie se detiene.
Parece que ni el viento,
reconoce su casa.

No sé porque me duelen, los cielos empañados,
la atmósfera pesada, el zumbar de colmenas taladrando los campos,
y los peces dormidos, los arroyos sin agua y
el recuerdo tan triste
de las viejas marimbas.
No sé porque me duele tanto,
esta inútil nostalgia.

Oralia Bringas de García
"María Fernanda" 1988

jueves, 20 de enero de 2011

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Guru gita

Escuché por primera vez la palabra “gurugita” en la película Comer, Rezar, Amar; guión basado en la experiencia personal de la escritora Elizabeth Gilbert (Eat, Pray, Love), interpretada por la actriz Julia Roberts.
Como es mi costumbre, no me gusta quedarme con la duda y apenas llegué a casa me dispuse a investigar el significado de esa palabra. Descubrí que es el nombre de un canto ancestral hindú en la lengua sagrada “sánscrito” que tiene como finalidad llevar la mente y el espíritu a un estado de paz.
Julia protagoniza a una mujer divorciada que busca encontrarse a sí misma viajando a Italia, India e Indonesia. Define a su personaje como “complejo y fascinante” que transita de la vulnerabilidad a la dureza o de la indecisión a la confianza durante un viaje interior en el que “se auto examina y trata de determinar lo que en realidad quiere para sí misma”.
“Gurugita” es un texto sagrado que consta 216 versos y se canta aproximadamente en una hora. Describe la conversación entre el Dios Shiva y su esposa, la Diosa Parvati, en donde ella le hace preguntas acerca del Gurú (el maestro espiritual) y Shiva le contesta, describiendo sus principios, los métodos usados, la forma de transmitir su enseñanza, así como los beneficios de su repetición diaria.
Al escuchar los comentarios sobre la película, en su mayoría giran alrededor de la romántica historia de amor; de los atractivos visuales; del placer de la buena mesa; las excelentes interpretaciones o las emociones que se mueven y me llama la atención que ninguno mencione -ni por equivocación- la palabra “gurugita” que para mí es la esencia de la historia, la búsqueda de la paz interior, ya que es en el proceso de este canto y en la meditación donde logra descubrirse y reconciliarse consigo misma, encontrar el ansiado equilibrio entre cuerpo y espíritu, y convertirse en una persona plena, libre y feliz.
Publicado en la Revista Círculos
Edición Dic-Ene 2011

lunes, 15 de noviembre de 2010

JOEL

>>

Joel despertó con la lengua impregnada del sabor amargo de su último sueño. Se conectó a la red buscando descifrar el significado. Navegó un buen rato sin encontrar las respuestas que ansiaba encontrar. De pronto, un artículo llamó su atención: “La física cuántica confirma que creamos nuestra realidad” (*) El texto constaba de… trece páginas… ¡Trece! Tomó la decisión de leerlo en su totalidad y lo hizo no una, ni dos, sino tres veces. En la tercera ocasión, optó por imprimir todo el artículo y luego fue subrayando algunas líneas omitiendo las referencias y los términos científicos para tener una mejor perspectiva de las ideas…
La física moderna dice “tú si puedes”
[La mayor parte de la gente desconoce que la mecánica cuántica, es decir, el modelo teórico y práctico dominante hoy día en el ámbito de la ciencia, ha demostrado la interrelación entre el pensamiento y la realidad.] … [fabricamos nuestra realidad desde la forma en que procesamos nuestras experiencias, es decir, mediante nuestras emociones ]… [nuestro cerebro está continuamente recreándose; un pensamiento o emoción crea una nueva conexión, que se refuerza cuando pensamos o sentimos “algo” en repetidas ocasiones] …. [Así es como una persona asocia una determinada situación con una emoción. Si no se interrumpe esa asociación, nuestro cerebro podría relacionar ese pensamiento-objeto con esa emoción y reforzar esa conexión, conocida en el ámbito de la psicología como “fobia” o “miedo”…] [El objetivo inconsciente es “engañar” a nuestras células con otra emoción diferente, generalmente, algo que nos excite, “distrayéndonos” del miedo. De esta manera, cada vez que volvamos a esa situación, el miedo nos conectará, inevitablemente, con la “solución”, es decir, con la adicción. Detrás de cada adicción (drogas, personas, bebida, juego, sexo, televisión) hay pues un miedo insertado en la memoria celular]…
[¿Quién elige de entre esas posibilidades para que se produzca mi experiencia actual? La respuesta de la física cuántica es rotunda: La conciencia está envuelta, el observador no puede ser ignorado”]… [“Los científicos hemos tratado de encontrar al observador, de encontrar la respuesta a quién está al mando del cerebro: sí, hemos ido a cada uno de los escondrijos del cerebro a encontrar el observador y no lo hemos hallado; no hemos encontrado a nadie dentro del cerebro, nadie en las regiones corticales del cerebro pero todos tenemos esa sensación de ser el observador”] … [“Sabemos lo que el observador hace pero no sabemos quién o qué cosa es el observador”]
Tratando de asimilar la información se cuestionó: ¿Qué realidad prefieres? Lo que aquí dice es que eres es el producto de las emociones que le dieron paso a tus hábitos de pensamiento, a los miedos y fobias que disfrazas cotidianamente intentando en vano engañar a tu memoria ¿Eso significa que tienes que regresar a tus interminables entrevistas con el psicólogo que sólo te han mermado la cartera? No, no, no, deja de pensar eso –se dijo golpeándose las sienes- acabas de leer que tú y sólo tú creas tu realidad… y volver a terapia es precisamente lo que ya no quieres… ¿Qué tienes que hacer para no despertar con el sabor amargo de tus sueños estropeados? ¿Qué? … ¿Qué? ...
Tomó los papeles impresos y releyó las líneas que subrayó -en su entender- como la conclusión: [La buena noticia es que, en cuanto rompemos ese círculo vicioso, en cuanto quebramos esa conexión, el cerebro crea otro puente entre neuronas que es el “pasaje a la liberación”.]
¡Ya está! Se paró frente al espejo, tomó las tijeras y se cortó la lengua

Publicado en la Revista Círculos

Edición Oct-Nov 2010





miércoles, 15 de septiembre de 2010

El Caracol

............................Nada duele más, que perder-de un solo golpe- la esperanza."


Sandra no se sorprendió al ver el halo grisáceo que coronaba la opaca y resquebrajada cabellera de su nueva paciente. La joven yacía sentada en el piso, abrazando sus piernas, con la mirada fija en uno de los muros de la habitación.


El aura del desaliento –pensó-. La más común en los internos de aquel sector del hospital. Avanzó unos cuantos pasos para poder apreciar de cerca los dibujos de Agustina. Eran más bien trazos circulares. Los observó detenidamente y de pronto ante sus ojos se reveló la silueta de un enorme caracol.
-¿Es un caracol? - Le preguntó buscando su mirada.
Agustina no respondió, sólo parpadeó ligeramente sin cambiar de postura.
- * -
Aquella misma mañana, Sandra Bermúdez había recibido la llamada de Leo Salinas, de quien no había tenido noticias en un buen tiempo. No obstante, después de intercambiar saludos y ponerse más o menos al corriente, había surgido la pregunta obligada respecto al verdadero motivo que lo impulsó a marcarle, así de repente, después de…¿dos años? Tras un breve silencio, Leo se había deshecho en zalameros cumplidos para solicitarle un favor: - que se encargara del caso de Agustina Montes- una joven indígena que había ingresado recientemente al Hospital de Santa Rita.
-Déjame ver de qué se trata y te devuelvo la llamada- le respondió antes de colgar la bocina algo… ¿decepcionada? No quiso darle más vueltas al asunto y llamó a su secretaria para que le llevara de inmediato el expediente médico de Agustina Montes. Al llegar al consultorio lo revisó con interés. Una anotación - al parecer sin importancia - duplicó su curiosidad.
En el renglón de observaciones decía:”La paciente no come, sólo mete los dedos en los líquidos para dibujar en la pared”.
En ese momento tomó la decisión de visitarla esa misma tarde.
Llevaba en el hospital cuatro días desde su traslado del centro de salud del poblado de Tres Cruces, en el cual, estuvo tan sólo un par de días. La infeliz contaba con sólo 16 años, estaba desnutrida y presentaba huellas de maltrato en todo el cuerpo. La había llevado Tulio, el marido, “para que se la despertaran”, según decía una nota al calce del expediente. El traslado se había hecho a solicitud y bajo la responsabilidad de la doctora Laura Terrán.
El caso cobró aún más interés cuando leyó el nombre de la famosa antropóloga.
Buscó sus datos para llamarla y decirle que se haría cargo de Agustina Montes y quedaron de verse al día siguiente por la mañana en su consultorio.
Antes de abandonar el hospital, ordenó que le hicieran unos estudios y dejó instrucciones precisas a las enfermeras para el control su nueva paciente.
-Ofrézcanle líquidos, agua de jamaica o de papaya de preferencia, y si quiere dibujar, no se lo impidan-.
Por la noche, se comunicó con Leo para informarle que Agustina ya era su paciente y que ya se había puesto en contacto con la doctora Terrán, más no pudo entender por qué se lo agradeció con tanto entusiasmo. ¿Tendrían algo Leo y la antropóloga?

- * -

Dos meses atrás, Laura Terrán había conocido a Agustina vendiendo collares de conchas a los turistas que visitaban la zona arqueológica de Playa Escondida. Los ángulos del rostro de aquella chiquilla llamaron de inmediato su atención.- ¡Parecían tallados en piedra!
Decidió comprarle varios collares para entablar conversación y después comenzaron a verse todos los días. La trataba con amabilidad y respeto, la invitaba a comer o beber algo mientras platicaban. Al principio, Agustina se mostraba desconfiada y arisca, pero poco a poco, Laura se fue ganando su confianza.
Fue así como se enteró, que el padre de la niña la había vendido por tres marranos a Tulio - un pescador- cuando apenas tenía trece años; que éste la mandaba a vender los collares de conchas - que ella sabía hacer muy bien- y que luego le quitaba el dinero para irse a echar sus tragos.
Agustina se sentía a gusto con Laura y en vez de decirle su nombre, la llamaba “amiga”.
Una tarde, le hizo una confesión. Con estas palabras le dijo: -que llevaba un buen tiempo escondiendo centavos para irse de ahí porque Tulio le hacía cosas muy feas, que le pegaba muy recio cuando regresaba bien briago; que tenía que largarse antes de que le hiciera otro hijo, porque ya le había matado uno y que le habían tenido que abrir la panza para sacárselo. -
Al decir esto último, clavó su mirada en la arena y se quedó callada. Laura, puso tres dedos debajo de su barbilla obligándola suavemente a levantar el rostro, pero contrario a lo que pensaba, los ojos de Agustina estaban secos. Pudo constatar con pesar - en aquella mirada oscura- que el odio había sepultado por completo al dolor, haciendo que sus lágrimas se estancaran para pudrirle lentamente el alma. La abrazó con ternura y le susurró al oído:
- Tranquila, tu secreto está a salvo conmigo-
Días más tarde, Laura sonrió complacida, cuando una mañana, no la vio en la playa con las demás vendedoras. Pensó que quizá, con el billete que le había dado el día anterior, la había ayudado a completar los centavos que necesitaba para huir y que al fin se había librado de la tiranía de Tulio. Pero poco le duró el regocijo. Una de las niñas la llamó para contarle, que su amiga, la Agustina, estaba media muerta en el centro de salud de Tres Cruces.
Angustiada, se dirigió para allá inmediatamente.
Al verla y enterarse del parte médico, salió decidida a buscar a Tulio para preguntarle lo que había sucedido. Horas más tarde, lo encontró emborrachándose con un grupo afuera de una tienda. Dudó un segundo antes de abordarlo en esas condiciones, pero al hacerlo, el hombre le contestó indiferente:
-Pos, yo no sé, se quedó pasmada cuando la caché que se quería juir; la llevé donde don Cuco para que le untara remedios; a luego entre los dos le quisimos meter aguardiente para que se avivara, pero pos no le pasó, se le salía todito, pos no menea la lengua, no traga nada y parece que ni mira y pos me dijo don Cuco que era más mejor llevarla pallá-.
La antropóloga dejó escapar un desalentado suspiro al escucharlo. El hombre relataba lo sucedido como si tratara de algo sin importancia, sin ningún asomo de culpa. En ese instante optó por aprovecharse de las circunstancias. No fue difícil convencerlo de que le permitiera hacerse cargo de su mujer, ya que para trasladarla a un hospital, necesitaba contar con su consentimiento.
El desdichado esbozó una sonrisa de alivio, se encogió de hombros y respondió:
-Pá mí, pos llévesela si quiere, así pasmada, pos pá que me sirve-.
Satisfecha de haber logrado su objetivo, pero consternada por la actitud y la desfachatez de aquel individuo, pensó con tristeza en la muchacha, la que seguramente ya no sintió la tunda que le propinó el maldito borracho cuando la descubrió, pues nada puede doler más, que perder - de un solo golpe - la esperanza.
Dos días más tarde, había arreglado todo para su traslado. La niña seguía muda e inmóvil. No comía y nada la hacía reaccionar. Laura habló con algunos amigos para explicarles el caso. Le recomendaron a la doctora Bermúdez, neuropsiquiatra del Hospital de Santa Rita.
Estaba sumida en sus pensamientos cuando sonó el teléfono. Levantó el auricular y escuchó una voz muy agradable que se identificó como la doctora Sandra Bermúdez. Le informó que se haría cargo de Agustina; conversaron un largo rato acerca del caso y quedaron de verse al día siguiente en su consultorio.
- * -
Sandra pasó a ver a su nueva paciente antes de la hora de su cita con la doctora Terrán. La encontró en el mismo lugar y en la misma postura de la tarde anterior, sólo que ahora la pared se encontraba tapizada de dibujos de caracoles que encerraban otros más pequeños que parecían tener alas.
Intrigada, la miró nuevamente a los ojos y le preguntó:
-¿Son caracoles con alas?-
No obtuvo respuesta. Agustina tenía la mirada fija en la entrada al laberinto de un enorme caracol. Sandra miró en la misma dirección y se percató que lo que ella había supuesto que fueran alas, más bien parecían... ¿papeles?
Se sentó a su lado en el piso, extendió el brazo y con la yema de sus dedos comenzó a seguir la línea de los trazos tratando de adivinar. Volvió a preguntarle:
-Dime, Agustina. ¿Son…alas… o… papeles?
Se sobresaltó al escuchar una voz que le respondió desde la puerta.
-A mí me parece que son papeles con alas-
-Buenos días, soy Laura Terrán-. Dijo avanzando hacia ellas con la mano extendida.
-Mucho gusto, Sandra Bermúdez-. Disculpa ¿me pareció oírte decir que son papeles con alas? – La inquirió estrechando su mano.
-Eso me parece- Respondió Laura mientras acariciaba con ternura la cabeza de la joven.-Sí, escondida en las entrañas de un enorme caracol, estaba la libertad de esta criatura cuando Tulio, el marido, la sorprendió ocultando los billetes que había juntado durante más de un año. ¡Mi pobre Agustina, casi lo logra!-












Publicado en la Revista Círculos
Edición Agosto-Sept 2010

viernes, 3 de septiembre de 2010

Tras las lluvias de agosto / Ángeles Mastretta


Cosas pequeñas

Lo que me parece muy importante decir de Germán es que era una voz que constantemente, todos los días, buscaba el misterio que puede haber en la vida diaria. El tenía unos ojos para ver las cosas pequeñas y contarlas de manera que las volvía trascendentes . Era un creador diario de este milagro que es transformar lo trivial en esencial.



Ángeles Mastretta


a Germán Dehesa

el día de su partida


Tras las lluvias de agosto / Sergio Sarmiento

Su sonrisa y su inteligencia

La muerte lo encontró sin duda sonriendo. Me imagino que le debe haber hecho alguna broma. ¿Qué no podías venir otro día? Eres demasiado inoportuna. Mañana tengo que estar en el teatro Juan Ruiz de Alarcón de la UNAM porque me hacen un homenaje. Va a estar el rector Narro. No puedo faltar. Nunca dejo de asistir a una cita, aunque me muera... Bueno, me parece que eso sería exagerar. Pero por qué no esperamos unos días más, para que pase el homenaje del gobierno de Veracruz. ¿ Y si nos esperamos hasta el 17 de septiembre? Me gustaría ver los festejos del bicentenario... germán siempre convencía a todos con su sonrisa y su inteligencia. Pero la parca no se dejó convencer.
Sergio Sarmiento
a Germán Dehesa
el día de su partida.

Tras las lluvias de agosto / Carmen Aristegui


Hizo valer la crítica


Germán Dehesa era esa presencia diaria, inteligente, punzante, divertida. Germán era maestro, escritor, periodista, universitario puma; padre que nos puso al tanto de toda su familia. En la Gaceta del Ángel de REFORMA, Germán hizo valer la crítica, el humor, el servicio a los otros. Germán era ese buen promotor de las buenas causas: el que recolectaba cobijas para los que tenían frío, el que vendía tamales para los down, el que vendía periódicos para reforma.

Recién condecorado con la Medalla al Ciudadano Distinguido, ya no alcanzó a recibir el homenaje que este viernes le había preparado la UNAM. Germán se veía así mismo todavía en sus últimos días como un ser dual: jarocho como su padre, abierto y liberal, y otra parte ante la que se rebelaba, la que le heredó su madre, quien lo empujaba al sufrimiento como una ventana a lo celestial. Entre esa dualidad se movía y en la recta final quedó claro que ganó su apuesta por la alegría, el gozo, la amistad y el amor por los suyos y por los demás. Será para muchos, yo incluida, una pérdida, muy, muy grande. Lo vamos a extrañar.


Carmen Aristegui


a Germán Dehesa

el día de su partida

Tras las lluvias de agosto/ Denise Dresser


Rodeado de libros


Ayer que te vi por última vez, sentado sobre tu cama, te pedí que no me fueras a dejar aquí sola "en este México de tiempos nublados" sin ti. Y en los últimos meses te lo repetía una y otra vez: inimaginable seguir con la espada desenvainada, cual "ciudadana apasionada" como me bautizaste, sin tu humor, sin tu generosidad,tu voluntad de acompañarme en todo momento y en cualquier buena causa.

Mi adorado amigo, no cumpliste tu palabra. Te fuiste después de prometer que un día de éstos me rapatarías e iríamos juntos tras Arturo Montiel o tantos fascimilares que sobreviven, impunes, en el país. Cabalgaríamos juntos en busca del siguiente minotauro; denunciaríamos juntos al próximo político rapaz; nos reiríamos del personaje detrás del escándalo de la semana, para después perseguirlo con la pluma. tu muerte para mí es como aquel poema de los "Heraldos Negros" que habla de los golpes tan fuertes , esos que parecen provenir del odio de Dios. Un Dios empeñado en irme quitando a quienes más quiero en la vida. Quizás lo único que me consuela es que ahora, cuando me pregunten cómo me imagino el paraíso , podré decir que es una gran biblioteca en la que encuentro a mi padre, a mi hermana y a ti.

Y bueno, en cuanto al país magullado que dejás detrás sólo quiero decirte: me encargo de todos los pendientes que me encargaste en el camino. La obligación de la alegría y la rebeldía. Las ganas de estar en el mundo y carcajearse de él al mismo tiempo. La esperanza de ese México mejor que ningún gobierno nos ha logrado arrebatar. te voy a imaginar en lo que creo es el cielo, ese lugar donde uno hace lo que le da la gana, como tú, con tus columnas. Rodeado de libros, con un cigarro y un vaso de whiskey, contando historias. Historias de Fita y Felipe Calderón, del Bucles y "Betty Walls", de héroes y villanos. Hablando de cómo quisite al país y cómo ayudaste a transformarlo. Y por favor, por favor apártame un hueco chiquito allí a tu lado, para que sigamos platicando "de todo y de nada" como lo hacíamos siempre y aún ayer.

Denise Dresser

Tras las lluvias de agosto/ Josefina Vázquez Mota


Ayudar a los demás

Tengo recuerdos de Germán, acompañándome a desastres naturales para animar a la gente, siempre dispuesto para recaudar fondos, de ayudar a los demás y siempre decir la verdad, siempre recordándome que la risa era fundamental para vivir y para ser feliz.



Josefina Vázquez Mota


a Germán Dehesa

el día de su partida