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sábado, 16 de agosto de 2014

La Hojarasca


“A través de la puerta entreabierta se le vislumbraba en la oscuridad, y su rostro seco e inexpresivo, su cabello revuelto, la vitalidad enfermiza de sus duros ojos amarillos, le daban el inconfundible aspecto del hombre que ha empezado a sentirse derrotado por las circunstancias. “ 











 1955. La Hojarasca. Primer libro de Gabriel García Márquez


lunes, 24 de marzo de 2014

tiempo de aves

Tirso

Desde que empezó este año, diversos tipos de aves se han hecho presentes de alguna manera en el acontecer de los días. El primero fue Tirso, un búho enano de cuerpo dorado y regordete que es apenas del tamaño del puño; las plumas que cubren sus alas y su cabeza son rojizas y su aspecto es muy agradable. Fue el cuarto viernes de enero cuando apareció en pleno día en una de las ramas de la casuarina que está frente a mi balcón. Al verlo, corrí a buscar los binoculares y descubrí que me miraba fijamente, sin parpadear. No sé explicar por qué su extraña presencia despertó tanto mi curiosidad, por qué lo bauticé con ese nombre al consultar el santoral del día y que me impulsó a pedirle a mi hijo que lo fotografiara con un lente especial. Luego, me dispuse a investigar su especie para enterarme que se les llama comúnmente mochuelos, que su nombre científico es Athene noctua, que su hábitat está muy lejos de aquí, en el Mediterráneo, que es el símbolo de Atenas y, me animó saber que si bien son aves nocturnas, cuando aparecen de día, según las leyendas, son portadores de buenos augurios.
               Aún no sé cuál es la noticia que este visitante inesperado me tiene reservada pero desde entonces, Tirso llega todos los días por la mañana muy temprano, hace unos ruiditos “trrrr, trrrr” que no se parecen en nada a los que hacen sus parientes los tecolotes, se posa invariablemente en la misma rama y me observa con atención cuando salgo a darle de comer a Bosco y a sus amigos. Mi pequeño vigilante permanece inmóvil hasta que cae la tarde  y luego emprende de nuevo el vuelo con rumbo desconocido. Ahora me llama mucho la atención saber que Tirso es un nombre mitológico que proviene del griego Thyrsus, que significa “contemplador” pero  sobretodo pensar que lo escogí de entre los tres santos que se celebran ese día.
               Una semana después de la llegada de Tirso conocí a Bosco, este personaje es el líder de una parvada de pecho-amarillos bullangueros y escandalosos que me visitan varias veces al día para pedirme su alimento favorito: las relucientes semillas color carmesí de las samias. Todo empezó un día muy temprano cuando regaba las plantas bajo la mirada de mi amigo Tirso y escuché los gritos estridentes de uno de estos Pitangus sulphuratus. Estaba en el cable de la luz y acto seguido, lo vi clavarse en una jardinera (justo como hacen las gaviotas al visualizar a los peces)  para salir triunfante con una pepita roja en el pico. Fue así como descubrí que de en medio del follaje de estas plantas surgían ya las mazorcas que aglutinan sus semillas. Bajé y con mucho cuidado desgrané una de ellas y las puse en un plato de plástico que coloqué en el dintel del balcón. Al poco rato escuché a los enmascarados pajarillos armando tremendo escándalo, estaban como enloquecidos robándose las semillas hasta que no quedó ni una. En el transcurso del día los pájaros volvieron varias veces a demandarme  alimento, piando enardecidos y picoteando el plato vacío. Dispuesta a complacerlos me volví una experta recolectora de semillas de samia, al grado que,  cada vez que veo una, estaciono el coche y me bajo a buscar mazorcas para mis nuevos amigos y ya hasta les compré un bebedero.  Aunque todos parecen iguales, puedo distinguir a simple vista a uno de ellos, el más grande de todos, el líder, a quien recurriendo de nuevo al santoral, bauticé con el nombre de Bosco.
               Unos días más tarde, mi hermana me pidió que le cuidara a sus mascotas pues iban a fumigar su casa. Una de ellas es un periquito australiano color celeste que se llama “Cachetes”. Yo no soy partidaria de los animales enjaulados pero no me quedó más remedio que aceptar. “Cachetes” vive en una jaula blanca muy elegante y de gran tamaño, misma que coloqué en el balcón. A la mañana siguiente cuando escuché llegar a la pandilla de los enmascarados demandantes, salí a ponerles sus semillas y entonces sucedió algo que me enterneció; Bosco tomó una de ellas y la fue a colocar entre los barrotes de la jaula del periquito.
               Llegó febrero y el regreso al taller literario, curiosamente nos toca leer un cuento de Quiroga acerca de un loro… y por si fuera poco escucho el trinar melodioso de unos pajarillos en la música del ejercicio de hoy… ya es demasiado me dije, tal parece que es tiempo de aves, creo que tengo que escribir algo acerca de ellas, quizá así le encuentre un sentido a lo que me está sucediendo.

Rosa Lotfe
Taller BDC
Marzo 5, 2014.



domingo, 9 de marzo de 2014

Instante


a Pau Balam


me miras y…
reconozco en tus ojos
chispas de miradas
de otros tiempos

me tocas y…
tus caricias
suaves y mullidas
me estremecen

me sonríes y…
en ese instante
se esfuma
de mi rostro la tristeza

martes, 7 de agosto de 2012

Tributo a Rosario







(…) para que me recuerden

-después, cuando yo muera-

aquellos que me amaron.

Rosario Castellanos



“Valorar en toda su amplitud una obra como la de Rosario Castellanos, es una labor imposible. Su biografía tan llena de acontecimientos, llega casi al lugar de lo insuperable; la situación de ser mujer no fue un obstáculo para lograrlo, más bien fue una condición sabiamente aprovechada, ya que Rosario superó, en mucho, a la escritora que llevaba dentro de sí; a pesar de esto, su trabajo literario llega a superficies altísimas de estética pura, de esencias y logros. Rara situación de literato en la que los actos logrados en la vida, coinciden íntimamente con la expresión escrita. No hay fraude, ni pose, ni aprovechamiento de circunstancias fortuitas. Rosario sólo vive para lo que piensa y cree. No hay más”.
Oscar Bonifaz autor de “Una lámpara llamada Rosario”, escribe estas líneas sin poder ocultar sus sentimientos y aunque la obra pretende ser una biografía, va más allá, es un ensayo en el que recopila todos los versos de su obra poética en los que aparece paradójicamente la palabra: lámpara. Yo tuve la oportunidad de conocerlo en un viaje que hice con la escritora Lourdes Marín y la fotógrafa Andrea España hace varios años hacia la “Ciudad de las nueve estrellas” del cual escribí una crónica de la que rescato un fragmento a propósito de conmemorar la despedida de una de las figuras mexicanas de mayor y mejor consistencia literaria y humana. 


CRÓNICA DE UNA VISITA AL COMITÁN DE ROSARIO. (fragmento)

El diluvio de la mañana del seis de agosto no representó un obstáculo para partir hacia Comitán Chiapas. Los preparativos para asistir a la conmemoración del XXX aniversario luctuoso de Rosario Castellanos, habían sido cuidadosamente planeados con toda antelación. No desistimos, y afortunadamente el cielo de la isla verde se abrió para despedirnos.

El trayecto fue un regalo para los sentidos, conforme nos adentrábamos en territorio chiapaneco, el paisaje se fue transformando de selva tropical a zona boscosa. La naturaleza nos mostró orgullosa su vasta gama de tonalidades y contrastes en espléndidos escenarios de abundancia y belleza.

Llegamos a nuestro destino después del atardecer. A modo de bienvenida disfrutamos a contraluz la escultura de Las Canasteras de Luis Aguilar que se yergue majestuosa en una de las esquinas de la plaza central. Escuchamos la música que provenía de los portales donde un conjunto de mariachis cantaba al compás de los corazones de una pareja de enamorados. Aquel ambiente de armonía y felicidad que se respiraba en la otrora Balún Canán de Rosario, nos motivó a suspirar complacidas en el jardín de la posada frente al parque donde nos alojamos.

Al día siguiente, despertamos con el repiquetear de las campanas de la Iglesia de Santo Domingo, desayunamos en los portales frente a la hermosa plaza principal. Después del desayuno, atravesamos la plaza hacia el “Centro Cultural Rosario Castellanos” donde daría inicio el programa conmemorativo en el cual el profesor Oscar Bonifaz impartiría una conferencia.

(…)No me toques el brazo izquierdo

duele de tanta cicatriz,

dicen que fue un intento de suicidio,

pero yo no quería más que dormir,

profunda, largamente,

como duerme la mujer que es feliz.

Así... evocándola con profundo respeto y sentimiento, Oscar Bonifaz recitó las líneas de la “Advertencia que llega” de Rosario, dejando en el ambiente la nostalgia del recuerdo para concluir su intervención haciéndose el mismo la pregunta que invariablemente le plantean:
“¿Qué si estuve enamorado de Rosario?

Sí. En el más alto y puro concepto del amor”.

No me queda más que exteriorizar lo que ahora pienso después de haber visitado aquel espacio en el que compartieron, infancia e inquietudes, Jaime Sabines y Rosario Castellanos. Ella... no murió aquel siete de agosto de 1975 al encender la lámpara de su mesita de noche en la Embajada de Israel. La sentimos respirar en cada piedra de los pasillos del Centro Cultural, dedicado a su memoria; la vimos en la ceiba gigantesca del atrio de la Iglesia de San Caralampio que sigue meciéndose con su poesía; escuchamos gritar su nombre en la madera labrada de los estanquillos y la sentimos vibrar-muy fuerte- en el aire del extenso valle de su Balún Canán.


“Y quien trasciende, no muere, alumbra.
Y su obra queda aquí, ardiendo como una lámpara”
Óscar Bonifaz.



viernes, 1 de junio de 2012

Sabines, el orbe y yo


“Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente...” (1)
Hoy cito a Sabines, porque se ajusta al escenario exacerbado de estos tiempos.-El escribió que - el  hombre se traga al hombre – y aunque suene irreverente, así  ha sido desde siempre. Hoy, el orbe está exaltado, atarragado, colmado. Ha llegado de nuevo a los excesos y comienza a derramarse. Requiere de un peritaje, necesita revaluarse. Es preciso e inevitable. Cuando un río se desborda, pierde el control, la forma y  la corriente se lleva todo lo que está a su paso. Más luego vuelve la calma y  el río vuelve a su cauce,  y vuelven también  los peces a su espacio y vuelve  la continuidad,  y todo pasa,  siempre pasa...
“Nos ha enviado a algunos tipos excepcionales como Buda, o Cristo, o Mahoma, o mi tía Chofi, para que nos digan que nos portemos bien. Pero esto a él no le preocupa mucho: nos conoce. Sabe que el pez grande se come al chico, que la lagartija grande se traga a la pequeña, que el hombre se traga al hombre. Y por eso inventó la muerte: para que la vida – no tú ni yo-, la vida, sea para siempre” (1)
Actualmente estamos informados, el hombre ha creado los medios, y la tecnología avanza día con día para saber lo que sucede en el planeta, segundo a segundo. No sé si para bien o para mal. La voz del mundo ya no se puede callar. Y se oiga lo que se oiga, se diga lo que se diga, se nombre como se nombre, se culpe a quien se culpe, ya no se podrá evitar, pues el orbe se ha desbordado e igual que el río, crecerá arrasando, devastando, pero todo -esto es seguro -todo pasará.

“Viejo sabio o niño explorador, cuando deja de jugar con sus soldaditos de plomo de carne y hueso, hace campos de flores o pinta el cielo de manera increíble. Mueve una mano y hace el mar, y mueve la otra y hace el bosque. Y cuando pasa por encima de nosotros, quedan las nubes, pedazos de su aliento”. (1)
A mí me encanta Sabines y apago el televisor. No hay nada nuevo en el mundo,  tan sólo cambia de voz. Mejor disfruto al poeta, a este imprescindible autor con su “voz inconfundible”, como alguna vez dijera Octavio Paz.
Aunque todos estamos muriendo, hoy, todavía no me toca, mañana, el año que entra o esta noche quizás. No  voy a preocuparme, porque aún puedo decidir lo que quiero y lo que hago con mi tiempo. Por eso prefiero seguir leyendo, pues soy curiosa y hoy quiero saber por qué, un día,  Alí Chumacero, definió a Sabines, así, de ésta manera; -Arcilla siempre, desilusión en ocasiones, rechazo de lo puramente estético, enemistad con lo retórico, gusto por lo informal, vehemencia de los sentidos, alegría del polvo enamorado,  todo eso que consolida el destino de quienes viajamos en el Arca de Noé, se torna en su pluma un lamento que habrá de sobrevivir-.
        
“Dicen que a veces se enfurece y hace terremotos, y manda tormentas, caudales de fuego, vientos desatados, aguas alevosas, castigos y desastres. Pero esto es mentira. Es la tierra que cambia- se agita y crece- cuando Dios se aleja.” (1)
Ya concluyo. Me gusta Sabines, y me encanta compartir pensamientos. Otro párrafo de “Me encanta Dios”, sólo uno más, el último:

“Dios siempre está de buen humor. Por eso es el preferido de mis padres, el escogido de mis hijos, el más cercano de mis hermanos, la mujer más amada, el perrito y la pulga, la piedra más antigua, el pétalo más tierno, el aroma más dulce, la noche insondable, el borboteo de luz, el manantial que soy”.
“A mí me gusta, a mí me encanta Dios. Que Dios bendiga a Dios”
 (1) Me encanta Dios. Jaime Sabines. 1993.

martes, 17 de abril de 2012

hombre-animal

Me duele ver esta imagen

"El estúpido orgullo de un hombre poderoso y
el injusto final de un animal majestuoso"





http://joseppamies.wordpress.com/2012/04/24/preciosa-y-valiente-carta-al-rey-juan-carlos/



martes, 19 de julio de 2011

El Schindler mexicano-Gilberto Bosques




Las Visas de Bosques: Gracias a la película ‘La Lista de Schindler’ de Steven Spielberg hemos conocido las acciones riesgosas realizadas por Oskar Schindler para salvar a unos 1200 judíos del holocausto nazi.
Sin embargo pocos hemos oído hablar de la labor del mexicano Gilberto Bosques para salvar la vida de más de 40 mil personas durante la ocupación nazi en Europa.
Gilberto Bosques Saldivar fue el Cónsul General de México en Francia de 1939 a 1944, quien respondiendo al llamado de su propia conciencia, ayudó desde su posición diplomática a huir de los regímenes franquista y nazi a refugiados españoles republicanos, judíos franceses, libaneses, socialistas, comunistas y otros perseguidos, entre ellos líderes políticos europeos de oposición y miembros de la resistencia antifascista, quienes habían sido señalados para ser enviados a los centros de concentración, ofreciéndoles a todos ellos residencia y nacionalidad mexicana.
Cuando París estaba a punto de ser tomada por los alemanes, Bosques sale de la ciudad y tras varios viajes decide asentar el consulado en Marsella, el puerto de la zona del Gobierno francés de Vichy, nominalmente independiente de los alemanes.
Su primera preocupación fue defender a los mexicanos residentes en la Francia no ocupada, pero al conocer las atrocidades de la persecución nazi protegió también a otros grupos. Apoyó a libaneses con pasaporte mexicano y a refugiados españoles que buscaban huir de los nazis. De hecho, se cree que fue él quien convenció al presidente Lázaro Cárdenas de abrir las puertas de México a los republicanos españoles. Era tan grande la afluencia de refugiados que buscaban una visa mexicana que Bosques alquiló dos castillos (el de Reynarde y el de Montgrand) para convertirlos en centros de asilo mientras se arreglaba su salida hacia México. Entre 800 u 850 fueron alojados en uno de los castillos, mientras que en el otro se albergaron 500 niños y mujeres.
Adicionalmente, rentó varios barcos que salieron del puerto de Marsella transportando Judíos y otros perseguidos hacia países Africanos donde más tarde fueron trasladados a México, Brasil, Argentina y otros países de América. En un periodo de dos años, bajo su auspicio, poco más de 40,000 visas fueron expedidas para quienes deseaban huir de la tiranía nazi.
Al concedérseles visas mexicanas, las autoridades francesas los dejaban salir del país porque consideraban que ya no serían un problema político para ellas. Más complicado fue el caso de los judíos. El consulado ocultó, documentó y les dio visas a numerosos judíos, pero era mucho más difícil sacarlos de Francia.
Desde Marsella el embajador mexicano también tuvo que hacer frente al hostigamiento de las autoridades pro alemanas francesas, al espionaje de la Gestapo, del gobierno de Franco y de la representación diplomática japonesa, que tenía sus oficinas en el mismo edificio de la delegación mexicana.
Finalmente México rompió las relaciones diplomáticas con el Gobierno de Vichy. Gilberto Bosques presentó la nota de ruptura. Poco después el consulado fue tomado por asalto por tropas de la Gestapo alemana, que confiscaron ilegalmente el dinero que la oficina mantenía para su operación. Bosques, su familia (su esposa María Luisa Manjarrez y sus tres hijos: Laura María, María Teresa y Gilberto Froylán; entonces de 17, 16 y 14 años, respectivamente)y el personal del consulado, 43 personas en total, fueron trasladados hasta la comunidad de Amélie-les-Bains. Después, violando las normas diplomáticas, se les llevó a Alemania, al pueblo Bad Godesberg, y se les recluyó en un “hotel prisión”.
Bosques fue finalmente liberado y regresó a México en abril de 1944. Miles de refugiados españoles y judíos lo esperaban en la estación de ferrocarril de la capital para recibirlo. Su júbilo zumbaba en el andén de la estación ferroviaria. Lo cargaron en hombros. Era al México generoso y libre al que ellos exaltaban en Gilberto Bosques, el más sobresaliente ejemplo del característico espíritu de la solidaridad de los mexicanos.
Una de sus más grandes lecciones de vida es que aunque resulte difícil, no es imposible mantener la decencia de uno frente a la maldad moral. Pues al ayudar a otra persona quien en tu comunidad, tu sociedad o tu nación se ha convertido en un paria, un rechazado, y sabiendo que al hacerlo puedes ganarte el desprecio, el escarnio, e incluso el poner en riesgo tu vida, es tomar una posición moral de valor incalculable, que puede alterar y dar un rayo de luz y un viento de esperanza en medio de lo que parezca un reinado de terror omnipotente.
El 4 de junio de 2003 el gobierno austriaco impuso a una de sus calles, en el Distrito 22 de Viena, el nombre Paseo Gilberto Bosques.
Los pocos que conocen la historia de Gilberto Bosques suelen llamarlo "El Schindler Mexicano". Y así como Schindler tuvo su lista de trabajadores judíos protegidos, Bosques tuvo sus visas a la libertad: Las Visas de Bosques.




miércoles, 1 de junio de 2011

Carmen y Leonora





Se fue mayo, mes que eligieron para partir dos mujeres inigualables cuya presencia fue tan fuerte que no pudo pasar desapercibida en el sendero de mi vida. Las dos nacieron en la misma época, en los principios del siglo XX, con escasos meses de diferencia. Una de origen libanés y oriunda de Tehuantepec; inteligente, culta y gran conversadora, de rostro altivo y profunda mirada esmeralda que iluminó mi niñez. Otra, inglesa de nacimiento y mexicana por adopción y adoración de las culturas indígenas y prehispánicas de nuestro país, se presentó de pronto en mi clase de historia del arte -siendo yo una adolescente- robándome el aliento.
Carmen y Leonora… al repetir sus nombres, vuelven a mi chispazos de aquellos tiempos; momentos irrepetibles de asombro y admiración; oír a la gran conversadora o leer sobre la pintora y escritora.
-¡Buenos días camarada!- ¡Cómo olvidar aquellas palabras a la hora del desayuno! Era el saludo invariable de la tía Carmen por las mañanas cuando abría la pequeña rejilla que comunicaba la terraza de su casa con la nuestra, seguidas de la respuesta siempre entusiasta de mi padre:- ¡Pásale camarada!-
No puedo precisar cuántos minutos duraba aquella alegre charla matutina, instantes en los cuales mis hermanos y yo permanecíamos en completo silencio, a veces sin entender de qué o de quienes hablaban, pero arrobados por la cantidad de palabras desconocidas que ambos utilizaban con una facilidad fascinante. Para mí en particular, era como asistir a una clase de historia universal expuesta de una manera interesante y divertida. Hablaban de todo lo que acontecía en el mundo, ambos eran ávidos lectores y a la hora de su encuentro ya se habían leído los periódicos de principio a fin. Para ser más precisa, aquellos momentos eran comparables -si cabe - a lo que hoy representa para mí ingresar a google para investigar o salir de dudas sobre algún tema, ya que recuerdo que cuando ella se despedía y mi padre se levantaba de la mesa, lo seguía por todo el pasillo haciéndole mil preguntas, las que afortunadamente me respondía haciendo gala de su gran paciencia, dejándome ver con aquella sonrisa de satisfacción, que le gustaba que yo quisiera saber el significado de las “palabras raras”. El interés que despertaba en mí este personaje no se limitaba sólo a escucharla durante aquellas amenas charlas tempraneras, sino que siempre que se presentaba la oportunidad -y había muchas dado que era nuestra vecina- en la que podía observar las facetas de su personalidad; su voz fuerte y bien templada; su casa pulcra e impecable resultado de su obsesión por la limpieza y el orden; sus excelentes dotes culinarias; su gran fervor religioso y ese andar de reina triunfadora que la caracterizaba, así fuera en su casa con bata y pantuflas o en todos los ámbitos donde se movía con elegancia y distinción.
Así también, la sorprendente determinación de Leonora, para hacerle frente a las contrariedades del destino, me enseñó que no existen parámetros, ni límites para que una mujer pueda moverse en los círculos entonces considerados prohibidos para sus contemporáneas. Escapar de la tutela de sus padres y renunciar a un modus vivendi adinerado y cómodo – siendo tan joven- para poder dedicarse a sus ideales; defender su espíritu inconformista que no encajaba en ningún colegio, actitud que la lleva a encontrar en el surrealismo su razón de ser; que la impulsa a crear ámbitos oníricos y mágicos para pintar lo inimaginable o a escribir lo inenarrable (como sus Memorias de Abajo); con una imaginación fantástica para interpretar a los animales y a la naturaleza que la lleva a realizar las esculturas de bronce que quedan como testimonio de su huella en México; una señora tan singular e increíble, que inspira a Elena Poniatowska a perpetuar su nombre en “Leonora” como titula su obra más reciente; un ser único y fuera de lugar descrita por Octavio Paz como: “un personaje delirante, maravilloso”, “un poema que camina, que sonríe, que de repente abre una sombrilla que se convierte en un pájaro que se convierte después en pescado y desaparece”.
Carmen y Leonora… las dos eligieron el mes de mayo para partir, pero a diferencia de otros tantos, no dejan un gran vacío, porque llenaron todos los espacios por los que caminaron.

lunes, 8 de junio de 2009

Nací en el Sitio del Viento*





Sitio del Viento*...un lugar donde se besan entrelazadas las aguas del mar y el río; una privilegiada cuenca que fuera refugio de aquellos seres que un día tuvieron que abandonar su terruño agobiados por la furia de las pasiones humanas que engendran la guerra y el desaliento, que llegaron hasta aquí, guiados quizá por el “Lucero del Alba” aquel personaje de cien mitos y leyendas quien decepcionado de los hombres que se opusieron al desarrollo armónico de su doctrina humanista, partiera en su balsa de serpientes hacia el país de la sabiduría, el que se inmolara arrojándose a la hoguera para que su espíritu puro pudiera elevarse y convertirse en estrella. Hablo del “Señor de la Aurora”, de la “Deidad Ignorada”, de “Quetzalcóatl” cuyo escondite fue señalado por su pueblo en esta “Isla Verde”, origen del nombre de mi puerto y de su río.

*Así nombraba a Coatzacoalcos la inolvidable poetisa porteña: María Fernanda
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