viernes, 1 de junio de 2012

Sabines, el orbe y yo


“Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente...” (1)
Hoy cito a Sabines, porque se ajusta al escenario exacerbado de estos tiempos.-El escribió que - el  hombre se traga al hombre – y aunque suene irreverente, así  ha sido desde siempre. Hoy, el orbe está exaltado, atarragado, colmado. Ha llegado de nuevo a los excesos y comienza a derramarse. Requiere de un peritaje, necesita revaluarse. Es preciso e inevitable. Cuando un río se desborda, pierde el control, la forma y  la corriente se lleva todo lo que está a su paso. Más luego vuelve la calma y  el río vuelve a su cauce,  y vuelven también  los peces a su espacio y vuelve  la continuidad,  y todo pasa,  siempre pasa...
“Nos ha enviado a algunos tipos excepcionales como Buda, o Cristo, o Mahoma, o mi tía Chofi, para que nos digan que nos portemos bien. Pero esto a él no le preocupa mucho: nos conoce. Sabe que el pez grande se come al chico, que la lagartija grande se traga a la pequeña, que el hombre se traga al hombre. Y por eso inventó la muerte: para que la vida – no tú ni yo-, la vida, sea para siempre” (1)
Actualmente estamos informados, el hombre ha creado los medios, y la tecnología avanza día con día para saber lo que sucede en el planeta, segundo a segundo. No sé si para bien o para mal. La voz del mundo ya no se puede callar. Y se oiga lo que se oiga, se diga lo que se diga, se nombre como se nombre, se culpe a quien se culpe, ya no se podrá evitar, pues el orbe se ha desbordado e igual que el río, crecerá arrasando, devastando, pero todo -esto es seguro -todo pasará.

“Viejo sabio o niño explorador, cuando deja de jugar con sus soldaditos de plomo de carne y hueso, hace campos de flores o pinta el cielo de manera increíble. Mueve una mano y hace el mar, y mueve la otra y hace el bosque. Y cuando pasa por encima de nosotros, quedan las nubes, pedazos de su aliento”. (1)
A mí me encanta Sabines y apago el televisor. No hay nada nuevo en el mundo,  tan sólo cambia de voz. Mejor disfruto al poeta, a este imprescindible autor con su “voz inconfundible”, como alguna vez dijera Octavio Paz.
Aunque todos estamos muriendo, hoy, todavía no me toca, mañana, el año que entra o esta noche quizás. No  voy a preocuparme, porque aún puedo decidir lo que quiero y lo que hago con mi tiempo. Por eso prefiero seguir leyendo, pues soy curiosa y hoy quiero saber por qué, un día,  Alí Chumacero, definió a Sabines, así, de ésta manera; -Arcilla siempre, desilusión en ocasiones, rechazo de lo puramente estético, enemistad con lo retórico, gusto por lo informal, vehemencia de los sentidos, alegría del polvo enamorado,  todo eso que consolida el destino de quienes viajamos en el Arca de Noé, se torna en su pluma un lamento que habrá de sobrevivir-.
        
“Dicen que a veces se enfurece y hace terremotos, y manda tormentas, caudales de fuego, vientos desatados, aguas alevosas, castigos y desastres. Pero esto es mentira. Es la tierra que cambia- se agita y crece- cuando Dios se aleja.” (1)
Ya concluyo. Me gusta Sabines, y me encanta compartir pensamientos. Otro párrafo de “Me encanta Dios”, sólo uno más, el último:

“Dios siempre está de buen humor. Por eso es el preferido de mis padres, el escogido de mis hijos, el más cercano de mis hermanos, la mujer más amada, el perrito y la pulga, la piedra más antigua, el pétalo más tierno, el aroma más dulce, la noche insondable, el borboteo de luz, el manantial que soy”.
“A mí me gusta, a mí me encanta Dios. Que Dios bendiga a Dios”
 (1) Me encanta Dios. Jaime Sabines. 1993.

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